lunes, 10 de septiembre de 2012

Aldo.

Cuento unos seis años desde la última vez que nos vimos cuando dejaste el orfanato para vivir tu vida a tu manera, hermano.
La de hoy resultó ser una noche bastante nostálgica. Salí de un sueño del que tú formabas parte, después de tanto tiempo sin dedicarte un solo pensamiento por estar viviendo sin mirar el pasado, y sin más, llegas y te haces un hueco en uno de mis viajes oníricos, una grata sorpresa sin duda.

Al despertar estuve pensando en ti, tenía curiosidad por saber cómo te están yendo las cosas, en qué parte del mundo has terminado, o si estás muerto y ya nunca te volveré a ver. Cuando dejaste el orfanato yo aún era un crío y no te entendí cuando me dijiste "Vive como quieras y sonríe cuando mueras". Siempre me pareció un pensamiento muy individualista y entonces nos entendía como una unidad, de ahí que, cuando te fuiste, me sentí abandonado por primera vez en toda una vida de orfandad. Mi hermano, mi padre y mi madre se habían ido esa mañana para hacer aquello que deseaban sin importarles lo más mínimo lo que fuera a ocurrirme. No sé hasta qué punto estaba en lo cierto respecto a ese pensamiento, y es algo que te preguntaré si te veo alguna vez en lo que me quede de vida, ¿fue difícil para ti hacer lo que hiciste?

Mientras estaba en la mesa del comedor junto con mis "loquesea" de grupo me encontré sonriendo recordando los líos en los que nos solíamos meter en el orfanato, como cuando nos metimos en el despacho del regente del orfanato Seymour para robarle el dinero que hacía a base de vendernos a mercaderes y familias, y por culpa mía tiré un jarrón que había al lado de la puerta. Fue muy divertido verte reaccionar de esa manera tan espontánea al envolver al cerdo de Seymour con sus sábanas y entre los dos atarlo con las cuerdas de las cortinas. La paliza que se llevó después de ésto a base de dos trozos de madera fue uno de los recuerdos que más atesoro de aquellos días. Después recogimos su bolsa de dinero y nos largamos por la ventana tan rápido que nadie supo nunca quién llegó a ser tan insolente como para apalizar a ese desgraciado.
El día siguiente fue quizá incluso más divertido que la noche que le precedía, comenzaron a azotar a todos los niños del orfanato por culpa nuestra, pero nadie sabía quién había robado el dinero, solo nosotros. Sabes que nunca me llevé bien con el resto de niños del orfanato de ahí que disfrutara tanto viéndoles recibir na paliza por culpa mía.
Al final dieron por perdido el dinero, que lo habían robado unos maleantes de la ciudad decían algunos. He de reconocer que la paliza que le dimos Seymour así como el propio dinero que le robamos, superó en valor al dolor que nos inflingieron aquel día. Sabíamos movernos arropados por el manto de las estrellas y nos pasábamos noches enteras en los tejados contemplándolas. Buenos tiempos.

Después de que tú te fueras fueron muchos los que intentaron hacerme daño en el orfanato, y sí es cierto que algunos lo consiguieron, pero muchos otros se llevaron una buena, no te quepa duda de ello. El crío que nunca hacía nada ahora se defendía porque su hermano ya no estaba. Fue algo positivo dentro de todo el que tú te fueras, no podía depender de ti para siempre y ésto tú lo sabías. Peleé mucho y me tuve que buscar la vida por mi mismo, siempre solo.

Hacía tiempo que no sentía nada especial a nivel sentimental. He de decir que fue curioso, y por haber aparecido en mitad de la noche te doy las gracias, Aldo.

Esa misma mañana me recorté la barba para que te fuera más fácil distinguirme si me vieras por la ciudad, yo no sé qué apariencia física tendrás ahora mismo, pero he pensado que ésto ayudaría a encontrarnos.

No te echo de menos ni te necesito en mi vida, pero sí sería una alegría verte de nuevo y poder pegarnos hasta rompernos los huesos y quedar inconscientes.

Un abrazo, hermano.

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