sábado, 18 de mayo de 2013

Adiós al orfanato.


Aún recuerdo el día en que cumplí los catorce años. Dos semanas atrás me entregaron una carta en la que decía que al cumplir mi decimocuarto aniversario debía abandonar el Orfanato como estaba reglado. Aquella mañana fue una de esas especialmente calurosas de primavera. Me desperté sudado por el mal sueño de la noche anterior y un sentimiento de incertidumbre rondaba en mi cabeza al son de “Hoy es el día en el que debo marchar”.

Salí de la cama y desperté a Enzo, este abrió sus ojos y me lanzó una expresión de tristeza añadiendo -¿Me voy a tener que quedar solo?- a lo que contesté -Me temo que sí hermano. No puedo quedarme más tiempo aquí, ya conoces las normas, pero volveremos a vernos de  seguro-. Se irguió y juntos fuimos al comedor para tomar el desayuno. 

A medida que avanzaba por el comedor todos los niños me miraban fijamente ya que el día que dejas el orfanato es un día especial al que todos acabamos por llegar, y al final me tocó a mí. Entraba un sol agobiante a través de las ventanas mugrientas, lo cual siempre me pareció curioso porque debería pasar mucha menos luz de la que lo hace debido al polvo acumulado que hace que prácticamente sean negras y como siempre, el olor a rancio estaba en cada esquina del lugar. Caminando me acerqué a recoger mi desayuno y le dije a la encargada –Póngame un poco más de lo habitual, hoy es mi último día y necesitaré comenzar mi camino con fuerzas-, con una mirada de desprecio me sirvió lo habitual. Resignado me dirigí junto con Enzo a la mesa de siempre después de que le sirvieran.
Sentados en la mesa, Enzo no dejaba de mirarme sin decir una sola palabra mientras comía. Entendía por lo que estaba pasando pues siempre fuimos dos, uña y carne, y ahora le tocaba estar solo. Le miré fijamente y comencé a hablar.-Ha llegado el momento de que aprendas a vivir por tu cuenta hermano, yo ya no estaré aquí y a ti te quedan aún cuatro años. Siempre hemos fantaseado sobre este momento, el día en que veríamos mundo, que viviríamos a nuestra manera sin rendir cuentas a nadie, y ese momento me ha llegado a mi primero, como era de esperar. Algún día te llegará a ti también y quién sabe, quizá nuestros caminos se crucen, pero has de saber que es posible que eso nunca llegue a suceder. El mundo es vasto y peligroso, quizá para cuando tú salgas yo ya haya muerto, no lo sabremos hasta que nos reencontremos, pero vive, experimenta y disfruta de las cosas.- Callé durante unos instantes y añadí -Eres un chico inteligente, saldrás adelante.- No dijo nada y prosiguió a terminar su desayuno.

Terminado el desayuno Enzo se fue al patio trasero a subirse a su árbol favorito y descansar, intuía yo. Mientras tanto yo me dirigí hacia mi habitación, crucé el amplio y antiguo salón donde había jugado tanto tiempo con arañas, lagartijas y demás alimañas que rondaban por aquel lugar, subí la tortuosa escalera de caracol que hicimos estallar mi hermano y yo hasta que llegué al piso de los dormitorios y entré en el cuarto en el que había pasado la mitad de mi infancia. Sabía que, aunque pasé tantos momentos indeseables, echaría de menos aquel sitio a medio derrumbar. Me dispuse a hacer mi pequeña maleta y mientras iba llenándola con mis dos prendas de ropa y diversos materiales con los que hacía trapicheos, no dejaba de pensar en si Enzo sería capaz de sobreponerse a las dificultades, no porque sea torpe o estúpido, pero sí puede actuar impulsivamente, lo cual es la naturaleza de la mayoría de sus problemas.
Con todo empaquetado me dirigí hacia la salida y allí estaba Enzo, sentado en el primer escalón de la entrada, jugueteando con su navaja favorita y mirando absorto las nubes que se alzaban en ese bello día, “Un día claro para unos y para otros sin embargo llegará a ser uno de los más tristes”, pensé.
Me senté junto a Enzo y allí nos quedamos, ensimismados mirando las nubes hasta que pasados los cinco minutos dijo, -Me alegro por ti y ojalá nos encontremos algún día-, sonreí y seguidamente asentí mirándole a los ojos. Después de aquello nos quedamos sentados durante otros 15 minutos. No teníamos nada que decirnos, ya sabíamos lo que pensaba el otro y simplemente me dediqué a observar la ropa tendida de los otros chicos que era mecida por la brisa matinal mientras de fondo se escuchaba el ruido de las hojas de los árboles, los chillidos de los niños y niñas que hacían de las suyas a los laterales del Orfanato. Todo era un contexto que me ataba a aquel lugar pero solo ante la idea de ver qué hay fuera de la ciudad ya me hacía querer salir disparado de allí. Mientras, Enzo solo jugueteaba con su navaja como llevaba haciendo durante todo ese espacio de tiempo mientras miraba todo aquello que alcanzaba su vista, a todo excepto a mí, -Cada vez manejas mucho mejor tu navaja, se nota que tienes aptitudes- le dije y seguidamente me levanté para marcharme definitivamente. 

 Ya estaba en frente de la cerca que rodeaba aquel lugar cuando de repente noté un tirón en mi chaqueta que me hizo girar la cabeza hacia atrás; era Enzo. –Toma, quédatela tú, yo ya me he aburrido de ella- me dijo acercándome su navaja. Le miré, extendí mi mano y él la puso sobre ella. –Gracias hermano- le dije. Y sin más se fue caminando hacia el orfanato con las manos en los bolsillos. Yo me di la vuelta y el portero me abrió la puerta. 
Dejaba atrás una etapa de mi vida, tanto bella como despiadada, pero que forma parte de mí y por ello la atesoré. Un nuevo mundo se abría ante mis ojos y no podía esperar por ver qué me deparaba al otro lado de la puerta.

domingo, 12 de mayo de 2013

Al Comandante Arkino.

Saludos Comandante Arkino.


Acabo de terminar el trabajo que me encomendó. El General Doril no volverá a liderar sus tropas y el flanco norte de Osencia se verá severamente diezmado sin su presencia.
Todo fue tal cual lo planeamos, aunque cabe decir que la información que me reportaron sus espías no era del todo cierta.  Los turnos de los guardias estaban trastocados y me llevó más tiempo de lo debido infiltrarme en la base enemiga. Una vez dentro todo fue coser y cantar pero deberías aplicar un castigo sobre tus espías pues podrían haberte costado la victoria.

Recogí información y unos planos sobre la mesa de Doril, parecían estar tratando su próximo movimiento y aunque no es mi campo parece que tienen una pequeña guarnición hacia el oeste de su campamento, ¿un ataque sorpresa quizá? Se lo dejaré mañana a primera hora en su tienda y recogeré mis honorarios.

Ya sabe que si requiere mis servicios otra vez solo tendrá que enviar un mensajero a Tenn pero la próxima vez asegúrese de que no le amenazan, no necesita más bajas entre sus hombres.

Suerte en el campo de batalla. Está a un paso de entrar en la ciudadela.

Aldo.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Aldo.

Cuento unos seis años desde la última vez que nos vimos cuando dejaste el orfanato para vivir tu vida a tu manera, hermano.
La de hoy resultó ser una noche bastante nostálgica. Salí de un sueño del que tú formabas parte, después de tanto tiempo sin dedicarte un solo pensamiento por estar viviendo sin mirar el pasado, y sin más, llegas y te haces un hueco en uno de mis viajes oníricos, una grata sorpresa sin duda.

Al despertar estuve pensando en ti, tenía curiosidad por saber cómo te están yendo las cosas, en qué parte del mundo has terminado, o si estás muerto y ya nunca te volveré a ver. Cuando dejaste el orfanato yo aún era un crío y no te entendí cuando me dijiste "Vive como quieras y sonríe cuando mueras". Siempre me pareció un pensamiento muy individualista y entonces nos entendía como una unidad, de ahí que, cuando te fuiste, me sentí abandonado por primera vez en toda una vida de orfandad. Mi hermano, mi padre y mi madre se habían ido esa mañana para hacer aquello que deseaban sin importarles lo más mínimo lo que fuera a ocurrirme. No sé hasta qué punto estaba en lo cierto respecto a ese pensamiento, y es algo que te preguntaré si te veo alguna vez en lo que me quede de vida, ¿fue difícil para ti hacer lo que hiciste?

Mientras estaba en la mesa del comedor junto con mis "loquesea" de grupo me encontré sonriendo recordando los líos en los que nos solíamos meter en el orfanato, como cuando nos metimos en el despacho del regente del orfanato Seymour para robarle el dinero que hacía a base de vendernos a mercaderes y familias, y por culpa mía tiré un jarrón que había al lado de la puerta. Fue muy divertido verte reaccionar de esa manera tan espontánea al envolver al cerdo de Seymour con sus sábanas y entre los dos atarlo con las cuerdas de las cortinas. La paliza que se llevó después de ésto a base de dos trozos de madera fue uno de los recuerdos que más atesoro de aquellos días. Después recogimos su bolsa de dinero y nos largamos por la ventana tan rápido que nadie supo nunca quién llegó a ser tan insolente como para apalizar a ese desgraciado.
El día siguiente fue quizá incluso más divertido que la noche que le precedía, comenzaron a azotar a todos los niños del orfanato por culpa nuestra, pero nadie sabía quién había robado el dinero, solo nosotros. Sabes que nunca me llevé bien con el resto de niños del orfanato de ahí que disfrutara tanto viéndoles recibir na paliza por culpa mía.
Al final dieron por perdido el dinero, que lo habían robado unos maleantes de la ciudad decían algunos. He de reconocer que la paliza que le dimos Seymour así como el propio dinero que le robamos, superó en valor al dolor que nos inflingieron aquel día. Sabíamos movernos arropados por el manto de las estrellas y nos pasábamos noches enteras en los tejados contemplándolas. Buenos tiempos.

Después de que tú te fueras fueron muchos los que intentaron hacerme daño en el orfanato, y sí es cierto que algunos lo consiguieron, pero muchos otros se llevaron una buena, no te quepa duda de ello. El crío que nunca hacía nada ahora se defendía porque su hermano ya no estaba. Fue algo positivo dentro de todo el que tú te fueras, no podía depender de ti para siempre y ésto tú lo sabías. Peleé mucho y me tuve que buscar la vida por mi mismo, siempre solo.

Hacía tiempo que no sentía nada especial a nivel sentimental. He de decir que fue curioso, y por haber aparecido en mitad de la noche te doy las gracias, Aldo.

Esa misma mañana me recorté la barba para que te fuera más fácil distinguirme si me vieras por la ciudad, yo no sé qué apariencia física tendrás ahora mismo, pero he pensado que ésto ayudaría a encontrarnos.

No te echo de menos ni te necesito en mi vida, pero sí sería una alegría verte de nuevo y poder pegarnos hasta rompernos los huesos y quedar inconscientes.

Un abrazo, hermano.

viernes, 7 de septiembre de 2012

"Fuerza en la victoria"


Mis manos estaban bañadas en sangre.
La vista no alcanzaba ver mas allá de las tropas enemigas que se avistaban en el horizonte.
Ya eran muchos los que habían caído.
Mis compañeros caían de uno en uno, aliados con los que había compartido numerosas experiencias, los veía ahora regocijarse de dolor en el campo de batalla.
Yo seguía enfrentándome a cuantos enemigos podía, pero pese a que trataba de auto convencerme que saldríamos victoriosos de aquella situación, en el fondo sabía que íbamos a morir todos.

De repente, en mitad de todo aquel caos, me vi rodeado de 4 enemigos armados hasta los dientes. Con mi gran manejo del Mangual, logre derribar a tres de ellos sin recibir  heridas graves.  El cuarto, aprovechando mi cansancio, logro dañarme el hombro con su lanza.
Abatido por el dolor, no pude contenerme mas en pie.

Arrodillado en el suelo, y con un intento inútil de plantarle cara, le mire a los ojos con rabia. Intenté recuperar mi Mangual, pero el enemigo lo aparto de mi alcance y con una sonrisa dibujada en el rostro, intento cortarme nuevamente con su lanza.
Logré esquivarlo con mis ultimas energias. Aun asi, recibi un corte profundo en mi ojo derecho.

Impaciente por mi muerte, el enemigo me asesto un lanzazo en el hombro que  ya anteriormente me había herido.
Caí al suelo…
Sabía que este era el fin, el fin de Yalick.
Pensé en mi padre,que tanto empeño me dedico para que honrase a los mios.
La vista se me nublaba,apenas podía percibir nada.
Ruido, gritos de guerra, el trotar de los caballos…
…este era mi fin

Pero…de la nada, un aliado guerrero, apareció clavándole la espada al que intento matarme.
Con gran sutileza y elegancia, lo derribo sin apenas alguna complicación.
Se acerco a mi…
-¿Estas bien,guerrero?
Asombrado por sus dotes de guerra, le respondi:
-         - Sí…
-         -Permiteme que te alivie estas heridas
-          -Gra…gracias
-          -  No malgastes energias hablando,las necesitas para mantenerte vivo.
-          -  Dime tu nombre almenos…
-           - Taüb, mi nombre es Taüb

Sabia que podria vivir para contarlo. Tuve suerte aquella vez de encontrarme a Taüb.
Jamas lo había visto antes en el servicio militar, pero algo me decía que ese era el comienzo de una gran amistad.



Yalick.





jueves, 6 de septiembre de 2012

"La piedad es para los débiles"

 El sol lucia brillante, como cualquier otra mañana.
Me levanté de golpe, ya había descansado en demasía.
Avancé por el granero con pies de plomo, pero no fue suficiente como para evadir los agudos oídos de Addrik Aran.
- Los soldados luchan por una ganancia, por una recompensa.Los guerreros en cambio, luchamos por nuestro honor, por nuestro pueblo, por el Rey...

Se agacho,y con una mano en mi hombro y una mirada penetrante, prosiguió:

-...Ve a comer algo, continuaremos con el entrenamiento cuanto antes, hoy te tengo una sorpresa preparada,hijo.

Tras el vaso de leche fresca, me dirigí al patio de la casa. Allí encontré a mi padre,preparado con la espada de entrenamiento y una caja que jamas antes había visto.

- Con tan solo 15 años, ya dominas la espada mejor que cualquier otro niño del poblado. Hoy he querido llegar aun mas lejos contigo. ¿Ves esa caja?

Asentí curioso, impaciente... era un gran día en mi formación como servidor del rey.

-Ábrela.

Al abrirla, observe que se trataba de un arma...muy curiosa, con una forma muy extraña, un arma de combate que jamas había visto.

-Padre...¿que es esto?

- Es tu nueva aliada, tu nueva compañera de combate. Es el Mangual, el arma que ha pasado de generación en generación. Mi padre antes que yo, la empuño durante todas sus batallas, derramando la sangre de aquellos que se atrevían a oponerse al Rey.

- Padre, no creo que sea digno de...

-Cógela

-Pero Padre...No crea que sea capaz de honrar el nombre de la familia con este arma,¿Porqué un Mangual? yo estoy cómodo con la espada.

-Los Dioses se merecen una dedicación hijo, un sacrificio por ellos. Eres muy joven todavía, te lo explicare cuando te conviertas en un hombre.

Me acerque a la caja donde se encontraba aquella arma, y con un cruce de miradas con mi padre, me dijo:

-Tiempo al tiempo hijo, te voy a dejar solo con ella. Quiero que la observes, indagues en todo detalle que posee, que te conciencies de todo lo que simboliza, del honor que supone empuñarla...

Mi padre se alejo tras el crujido de la puerta de madera del patio.

Durante todo aquel día, me dedique a familiarizarme con aquella extraña arma.

 Hasta que el sol volviese a brillar al día siguiente...como cualquier otra mañana.


Yalick.


"Cuando la vida se alza en la victoria, hay vida. Cuando se alza en la derrota, hay muerte. El guerrero vive enfrentándose tanto a la vida como a la muerte en busca de la Paz" Addrik Aran.







A la atención de Reon, capitán de la guardia de su majestad el Rey Steigar


Estimado Reon

Han pasado ya muchas lunas desde mi última carta y supongo estarás ansioso por escuchar las nuevas que traigo de estas tierras.

Como bien sabes, hace cerca de un mes fui destinado a una caravana dirección a Corvis con la misión de custodiarla (la misión oficial al menos). Para ello contaba con la “ayuda”  de unos pocos mercenarios. No esperaba demasiado de este grupo, ya sabes como suelen ser estas caravanas, cuatro espadas mal entrenadas que necesitan dinero urgente para sobrevivir, pero por suerte tenia a Eileen en mi grupo y eso siempre me tranquiliza. No obstante, a pesar de mis expectativas y para mi sorpresa, encontré entre ellos a una cara conocida, Yalic. Aún no se muy bien que hace aquí, pero eso no es lo que más me preocupa… Yalic, ha cambiado Reon  ya no reconozco en el al disciplinado combatiente que solía ser. Parece cegado por la ira y el odio y ya no me respeta, al menos no como  en los tiempos del ejército. Además se ha vuelto muy diestro en el uso de las armas y ahora apenas puedo esquivar sus golpes, estaría en graves aprietos si decide enfrentarme. Me embarga la tristeza  aunque no desistiré en mi empeño y espero poder hacer que recapacite, pues de momento se niega a entender mis palabras, la razón ya no tiene cabida en el.

Volviendo al asunto que nos ocupa, he conseguido contactar con el sumo sacerdote de la ciudad, el Padre Dumas y actualmente estoy realizando un encargo bajo sus órdenes, contando claro esta con un grupo de mercenarios, un tanto distinto a aquello que suelo ver en mis viajes. Creo conveniente que tengas sus nombre en cuenta podrían ser valiosos aliados.
Empezaremos por Nebure  otro humano que me acompaña a parte de Yálic. Parece ser alguna clase de monje, no tengo muy claro de donde viene ni adonde se dirige, siempre es muy reservado aunque cordial en su trato. No parece instruido en ninguna clase de combate que yo haya podido ver, no utiliza armas ni de combate cuerpo a cuerpo ni a distancia, pero es capaz de tumbar a un hombre armado de un solo puñetazo.
El siguiente es Hyrca, un joven elfo que siempre va acompañado de un extraño instrumento musical. Conoce muchas historias de estas y otras tierras, no se si sabrá algo sobre nuestro pueblo mas no parece ser así. No he tenido la oportunidad de ver como se desenvuelve en el combate, pero no le quitaré el ojo de encima.
Durlemiend es otro elfo que se ha unido a nuestro grupo y es con diferencia el que más suscita mi curiosidad. Es un individuo estrambótico y alocado, no consigo escrutar que hay debajo de esa apariencia, pero algo realmente extraño tiene que haberlo acercado a estas tierras. Es un usuario de la magia, aunque como ya sabes poco puedo decirte al respecto.
Y por último Enzo, el humano más escurridizo de cuantos haya visto, creo que tiene algo especial que me hace complicado desprenderme de el, aunque si sigue poniendo tantos problemas como hasta ahora supongo que deberemos prescindir de sus servicios y buscar a alguien que este más dispuesto  a trabajar. Aun así, sigo esperando algo que me haga cambiar de opinión.

Bueno amigo mío, estos personajes junto con Yalic y Eileen son los que forman mi grupo y nuestra misión no es otra que descubrir que paso con unas brujas hace un tiempo aquí en Córvis.

 Y con respecto al padre Dumas…Parece un buen hombre, sabio y poderoso, tal vez podamos contar con su ayuda cuando llegue el momento, aunque por ahora sigo manteniendo la distancias, quiero estar seguro de quien es este hombre antes de hacerle cualquier proposición. No te apures amigo mío, creo que podremos contar con el si todo marcha bien.

Tendrás noticias mías pronto.

Taüb.

Diario de la sabiduria del Monasterio de Larthos

Cuando mi maestro Larthos decidió que ya estaba preparado para el camino de la sabiduría, emprendí el viaje en solitario, en busca de sabiduría y conocimientos, que el día de mi regreso compartiré con mi monasterio. 
Larthos me encomendó la tarea de una vez por semana contar mis experiencias en este diario, y me dio una bolsita que deveria abrir cuando lo crea necesario, según sus palabras.

Semana 1

Ya ha pasado una semana desde que partí, en esta semana he conocido un grupo de compañeros y he vivido una aventura que casi me cuesta la vida.
Reclutaban a gente para proteger una serie de carromatos,
el grupo fue bastante variopinto: habían dos guerreros que parecía que se conocían y actuaban como si no, un mago muy bajito que ha levantado toda mi curiosidad, y del cual creo que puedo enseñarme cosas interesantes, una elfa de pechos grandes pero muy inexperta (creo que por su juventud), un músico que a pesar de cantar bien su instrumento hace un ruido que me desagrada y también había un personaje enigmático que parecía que estaba ahí para pasar el tiempo.
La misión fue bien los tres primeros días, solo ocurrieron un par de disputas entre nosotros, pero nada serio,
cuando estábamos llegando a Corvis, en el ultimo día de viaje, nos asaltaron un numeroso grupo de unos seres llamados gobos del pantano o algo así, tuvimos una pelea intensa, pero logramos que los carromatos no se dañaran, lamentablemente yo perdí el conocimiento.
 Cuando desperté, estaba en un edificio muy grande, la habitación tenia muchas camas, creo que para recibir a los heridos, al levantarme tenia un vendaje en todo mi estomago y un dolor terrible en mi espalda. Se acerco a mi un tal padre Dumas,(he de decir que me suena haber escuchado este nombre en mi monasterio) que me dio una bolsa con unas monedas y me ofreció su hospitalidad,la cual respetuosamente rechace, pienso que no puedo quedarme mucho tiempo en un mismo sitio, he de cambiar y moverme, para ampliar mas conocimientos y aventuras,
así que me despedí del grupo y me fui a ver a un antiguo miembro de mi monasterio que vivía en el sur de Corvis


-Nebure